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  • Elizabeth Taylor, íntima: sedujo a presidentes, se casó ocho veces y tuvo una relación tormentosa con el hombre de su vida

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 27/02/2025 05:08

    Cleopatra (1963) trailer Elizabeth Taylor Comenzó a actuar cuando era muy joven. En la década de 1950 fue una de las estrellas más conocidas del Hollywood clásico. En los años 60 saltó a la fama como la estrella mejor pagada del cine a nivel mundial y siguió siendo una figura por el resto de su vida. El American Film Institute la clasificó como la octava leyenda femenina más grande de las películas clásicas. A pesar de ser una de las actrices más rentables de MGM, Elizabeth Taylor deseaba terminar su carrera a principios de la década de 1950. Le molestaba el control del estudio y no le gustaban muchos de los papeles que le asignaban. Luego de Sophia Loren, Liz fue la segunda famosa en presentar una línea de perfumes. Además, se convirtió en una de las primeras personalidades en apoyar las campañas contra el VIH/SIDA. En 1985 cofundó la Fundación Estadounidense para la Investigación del SIDA y en 1991 se fundó la Fundación Elizabeth Taylor contra el SIDA. Dedicó su tiempo a la filantropía desde principios de la década de 1990 hasta su muerte, por lo que fue galardonada con varios premios. Su vida privada recibió todo el interés de los medios. A lo largo de su carrera estuvo casada ocho veces con siete hombres diferentes; se convirtió al judaísmo; luchó contra una serie de enfermedades graves; y disfrutó de un gran estilo de vida jet set, adquiriendo una de las más caras colecciones de joyería en la historia. Cuando la era del Hollywood clásico terminó y la fotografía de los paparazzi se convirtió en una característica normal de la cultura mediática, Taylor llegó a definir un nuevo tipo de celebridad, y su vida se convirtió en el foco del interés público. Según Adam Bernstein de The Washington Post, se hizo “famosa por ser famosa”, estableciendo un modelo mediático para generaciones posteriores de artistas, modelos y toda variedad de semi celebridades. En 'Cleopatra', la actriz recibió como salario la mitad de lo que era el presupuesto inicial de la película, la cual fue la más cara. La otra Reina Elizabeth Rosemond Taylor nació el 27 de febrero de 1932 en Heathwood, un suburbio de Londres donde se mudó más tarde, y su familia abrió una galería de arte en Bond Street. Su padre era comerciante de arte y su madre era una actriz de teatro. Entre sus círculos sociales se encontraban destacados artistas como Augustus John y Laura Knight, así como políticos como el coronel Víctor Casillet, por lo que eran bastante ricos. La otra Reina de Inglaterra, como la apodaban por llamarse igual que la soberana y porque nació y pasó sus primeros años de vida en las tierras inglesas, estaba matriculada en Byron House School, una escuela Montessori en Highgate, y fue criada según las enseñanzas de la Ciencia Cristiana, la religión de su madre. A principios de 1939, los Taylor decidieron regresar a los Estados Unidos por temor a una guerra inminente en Europa. Así, a principios de 1940, el señor Taylor abrió una nueva galería en Los Ángeles. A la madre de Liz le decían con frecuencia que su hija debería hacer una audición para películas. Sus ojos, en particular, llamaron la atención. Eran azules, hasta el punto de parecer violetas, y estaban bordeados por unas suculentas pestañas con una extraña mutación genética: tenía una doble hilera de pestañas. Cuando empezó a hacer películas, los directores decían: “Sáquenle el rímel a esa niña”, y Taylor respondía: “¡No llevo rímel!”. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial en Europa y parecía poco probable que Taylor regresara a Inglaterra, su madre cambió de opinión acerca de que se dedicara al cine. Ahora lo veía como una forma de asimilarse a la cultura estadounidense. Poco después, la galería de Francis Taylor en Beverly Hills comenzó a atraer clientes de la industria cinematográfica. A través del padre de un amigo de la escuela y un cliente de la galería de su padre, Liz audicionó para Universal Pictures y Metro-Goldwyn-Mayer (MGM). Ambos estudios le ofrecieron contratos y Sarah Taylor decidió aceptar la oferta de Universal. En la imagen, la actriz estadounidense Elizabeth Taylor. EFE/Claudio Onorati/Archivo Su arranque en el cine Liz comenzó su contrato en abril de 1941, recibiendo un pequeño papel en There ‘s One Born Every Minute (1942). Sin embargo, no recibió más propuestas y su contrato fue rescindido después de un año. La directora de casting de Universal explicó su despido afirmando: “La chica no tiene nada. Sus ojos son demasiado viejos. No tiene cara de niña”. Lo cierto es que Taylor se veía diferente a las estrellas infantiles de la época, como Shirley Temple y Judy Garland. Liz dijo más tarde que aparentemente solía asustar a los adultos porque era demasiado directa. Luego firmó con MGM y se convirtió en una popular estrella adolescente después de aparecer en National Velvet (1944). En el nuevo estudio le exigieron que usara aparatos de ortodoncia para corregir su dentadura y le extrajeron dos dientes de leche. También quisieron teñirle el pelo, cambiar la forma de sus cejas y su nombre por “Virginia”. Pero Taylor y sus padres se negaron. Más tarde, afirmó que cuando se hizo famosa, su infancia terminó porque MGM tomó control de todos los aspectos de su vida. Se refirió al estudio como una “enorme fábrica ampliada” donde se esperaba que siguiera un horario estricto, asistiendo a la escuela durante el día y filmando por la noche, mientras tomaba lecciones de baile y canto y ensayaba escenas para el día siguiente. Después del éxito de National Velvet, le ofrecieron un nuevo contrato de siete años con un salario semanal de 750 dólares, lo cual era mucho para aquellos tiempos. También consiguió un rol secundario en El valor de Lassie (1946), la tercera entrega de la serie del perro más famoso de la televisión. Cuando cumplió 15 años en 1947, MGM comenzó a cultivar una imagen pública más madura para ella, organizando sesiones de fotos y entrevistas para presentarla como una adolescente normal que iba a fiestas y tenía citas. Sin embargo, las cosas tomaron un giro más oscuro. Los autores Darwin Porter y Danforth Prince, en su libro Elizabeth Taylor: There ‘s Nothing Like a Dame, hicieron afirmaciones inquietantes sobre la vida privada de Taylor, alegando que tuvo relaciones con los futuros presidentes de Estados Unidos, John F. Kennedy y Ronald Reagan. Elizabeth Taylor y Debbie Reynolds 1958 Foto: Archivo Según el libro, a los 15 años ya era descrita como “sensualmente promiscua” y tenía relaciones con hombres mucho mayores. Según los autores, Reagan, que estaba casado con la actriz Jane Wyman, aparentemente se acostó con Liz cuando ella era una adolescente y él tenía 36 años. “Reagan me trataba como a una mujer adulta y eso me emocionó”, cuentan los autores que le dijo a una amiga. “Nos sentamos en su sofá y me di cuenta de que quería hacerlo, pero parecía reacio a dar el primer paso. Yo fui más agresiva. Después de una intensa sesión de besos en el sofá, entramos al dormitorio”. Y esto puede ser incluso mejor: el libro alega que ella también se acostó con John F. Kennedy, pero ese coqueteo hipotéticamente fue un trío en la piscina de Kennedy... con el actor Robert Stack. El libro también afirma que Taylor tuvo una aventura con Frank Sinatra, pero ella se puso demasiado seria y fingió estar embarazada en un intento de que el cantante se casara con ella. Estas afirmaciones siguen siendo controvertidas y las supuestas andanzas de Taylor, especialmente a una edad tan joven, plantearon muchas cuestiones éticas. Los amores de Liz La carrera de Liz progresó y continuó actuando en varias películas, hasta su primer casamiento escandaloso con Conrad Hilton Jr. en 1950. Su matrimonio fue orquestado por MGM con fines comerciales, pero terminó en divorcio apenas ocho meses después. Luego se casó con el actor británico Michael Wilding y, aunque tuvieron dos hijos, su matrimonio también fracasó y se divorciaron en 1957. Después se casó con Mike Todd, un productor de cine, en 1957, pero su trágica muerte en un accidente aéreo al año siguiente la dejó devastada… y viuda. Pronto encontró consuelo en Eddie Fisher, un romance que provocó un escándalo público debido a que Fisher todavía estaba casado con la actriz Debbie Reynolds. Taylor y Fisher se casaron en 1959 pero se divorciaron en 1964. Liz Taylor junto a Eddie Fisher Durante el rodaje de Cleopatra (1962), Liz comenzó un amorío con su coprotagonista Richard Burton, y su tumultuosa relación fue muy promocionada. A pesar de sus numerosos romances, el verdadero amor de Elizabeth Taylor fue Burton, con quien tuvo una relación apasionada y turbulenta. Se casaron dos veces y se separaron en 1976. Taylor dijo que Burton fue el amor de su vida. Su relación fue una de las más famosas y románticas de Hollywood. Se los conocía por su estilo de vida extravagante. Ella describió el vínculo como una mezcla de “amor y lujuria”. Y hasta el propio Vaticano condenó a Taylor por su relación con Burton. Se divorciaron y volvieron a casarse un año después; y viajaron alrededor del mundo, encantando a legiones de fans. Se dice que la pareja compró un jet privado de 960 mil dólares “por capricho”. Su lujoso estilo de vida y sus asuntos públicos desataron una nueva era de chismes sobre celebridades. En la década de 1980, Liz centró su atención en las fragancias y lanzó dos perfumes, Passion y White Diamonds, que le hicieron ganar más dinero que toda su carrera como actriz. También cofundó la empresa de joyería House of Taylor. Más tarde, se casó con John Warner en 1976, pero su matrimonio terminó en 1982. En 1988, se casó con su séptimo y último marido, el trabajador de la construcción Larry Fortinski en el rancho Neverland de Michael Jackson, el 6 de octubre de 1991. La boda atrajo una intensa atención de los medios, con un fotógrafo lanzándose en paracaídas al evento, y Taylor luego vendió las fotografías de la boda por un millón de dólares, lo que ayudó a financiar su Fundación contra el SIDA. Taylor y Fortinski se divorciaron en octubre de 1996, pero permanecieron en contacto de por vida. Ella atribuyó la separación a sus dolorosas operaciones de cadera y a su trastorno obsesivo-compulsivo. Se crió como cristiana pero se convirtió al judaísmo en 1959. Aunque dos de sus maridos, Mike Todd y Eddie Fisher, eran judíos, afirmó que su conversión no fue influenciada por ellos. Ella había querido adoptar la religión durante mucho tiempo, encontrando consuelo, dignidad y esperanza en el judaísmo. Después de su conversión, la diva se tornó una defensora activa de las causas judías y sionistas. Compró bonos israelíes por un valor de 100 mil dólares, lo que provocó que sus películas fueran prohibidas en los países musulmanes de Oriente Medio y África. También se le prohibió ingresar a Egipto para filmar Cleopatra (1962), aunque la veda se levantó dos años después de que funcionarios egipcios consideraran que la película era positiva para la imagen del país. Además, Liz ayudó a recaudar dinero para el Fondo Nacional Judío y formó parte de la junta directiva del Centro Simon Wiesenthal. También abogó para que los judíos soviéticos emigraran a Israel, canceló una visita a la URSS después de su condena de Israel durante la Guerra de los Seis Días y firmó una carta de protesta contra una resolución de las Naciones Unidas en 1975. En 1976, se ofreció a reemplazar a los rehenes después de que más de 100 civiles israelíes fueran tomados como rehenes en el secuestro de Entebbe. Tuvo un pequeño papel en la película Victoria en Entebbe (1976) y narró Genocide (1982), un documental ganador del Premio de la Academia sobre el Holocausto. A lo largo de su vida, Taylor luchó con varios problemas de salud. Sufrió una lesión en la espalda mientras filmaba y, debido a su escoliosis, la fractura no fue diagnosticada durante años La salud de Taylor A lo largo de su vida, Taylor luchó con varios problemas de salud. Sufrió una lesión en la espalda mientras filmaba y, debido a su escoliosis, la fractura no fue diagnosticada durante años. Finalmente se sometió a una cirugía para extirpar partes de su disco espinal. También tuvo que lidiar con enfermedades y dolencias frecuentes que requerían cirugía, incluida la neumonía bacteriana. Además, luchó contra la adicción al alcohol y a los medicamentos recetados, lo que la llevó a recibir tratamiento en el Centro Betty Ford en 1983-1984, donde se convirtió en la primera celebridad en admitirse abiertamente. Recayó y entró nuevamente en rehabilitación en 1988. Tuvo sobrepeso en la década de 1970, especialmente después de su matrimonio con el senador John Warner. Publicó un libro sobre dietas, Elizabeth Takes Off, que detalla sus experiencias. La actriz fumaba mucho hasta que sufrió un ataque grave de neumonía en 1990. Su salud continuó empeorando durante las últimas dos décadas de su vida y rara vez asistió a eventos públicos después de 1996. Usó silla de ruedas debido a sus problemas de espalda y le diagnosticaron insuficiencia cardíaca congestiva en 2004. Seis semanas después de ser hospitalizada, murió a causa de la enfermedad a los 79 años el 23 de marzo de 2011 en el Centro Médico Cedars-Sinai en Los Ángeles. Su funeral tuvo lugar al día siguiente en Forest Lawn Memorial Park en Glendale, California. El servicio fue una ceremonia judía privada, presidida por el rabino Jerome Cutler a pedido de Taylor, y comenzó con 15 minutos de retraso porque, como dijo su representante, ella incluso quería llegar tarde a su propio funeral: salir con estilo.

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