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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 27/02/2025 05:02
En la actualidad hay casi 400 hectáreas plantadas de Criolla Chica y más de 13.500 de Criolla Grande (Imagen Ilustrativa Infobae) Hasta hace muy poco el único vino autóctono en alcanzar reconocimiento era el Torrontés. Pero ha surgido otra cepa, a tono con la tendencia mundial de revalorizar lo propio como ventaja diferencial. La Criolla fue traída por los misioneros llegados de las Islas Canarias, quienes la propagaron de norte a sur del continente. Y que luego se convirtió en diferentes cepas según su territorio: Misión en Estados Unidos, País en Chile y Criolla en la Argentina. Se trata de un grupo de uvas muy dispar, todas hijas de diversos cruzamientos a partir de Moscatel de Alejandría y Listán Prieto, entre otras. Se sabe que, hasta comienzos del siglo XX, las uvas se plantaban mezcladas, por lo que se polinizaron entre sí. Las Criollas no gozaban de buena fama, pero lograron quedar entremezcladas en los viñedos, así se convirtieron en plantas fuertes y resistentes. Con el tiempo, llegó a ser muy popular gracias a su gran capacidad productiva, aunque sus cualidades enológicas no eran destacables. Es por ello que se utilizaba mucho para vinos comunes, sin que su nombre fuera reconocido. Hasta, que algunos enólogos decidieron rescatarla del olvido. Y hoy, gracias al entorno, sus cuidados y métodos exclusivos de elaboración, generalmente fermentando en pequeñas vasijas de cemento; se logran exponentes con muchos atributos. La Criolla Chica, una uva atraída en la época colonial, resurge con técnicas modernas que destacan su frescura y versatilidad Una de sus claves es que las plantas suelen ser viejas y sus rendimientos bajos por naturaleza. Esto, sumado a técnicas en bodega, como maceración en frío o fermentaciones con racimo entero, permite lograr cierta concentración en su carácter. Es un vino tinto de aspecto tenue y aromas frutados, simples y directos. De trago fácil y paso vibrante, muy refrescante. Sin dudas, el tinto ideal para disfrutar en verano. Recientemente, el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) incorporó la Criolla Chica en el listado de cepas aptas para vinos de calidad. Se hizo a través de la resolución 30/24, firmada por Carlos Raúl Tizio Mayer, titular de la institución. También conocida como Listan Prieto, en el INV entienden que, dada su composición natural polifenólica antociánica y el uso de las prácticas enológicas autorizadas, con ella se puede obtener vinos tintos de calidad. En la actualidad hay casi 400 hectáreas plantadas de Criolla Chica y más de 13.500 de Criolla Grande, entre otras uvas Criollas, incluyendo a la famosa Torrontés. La Criolla Chica es una cepa histórica que hermana a los distintos países productores del continente americano, ya que es la misma uva que la País de Chile, la Negra Mollar del Perú y la Misión de Estados Unidos. Fue una de las primeras uvas en llegar a estas latitudes a comienzos del siglo XVI, y con el correr del tiempo, en Argentina comenzaron a aparecer entrecruzamientos y mutaciones genéticas que derivaron en variedades nuevas. Por lo tanto, la Criolla es la adaptación local y autóctona de estas primeras variedades que desembarcaron en el territorio nacional. Y como en el mundo del vino hay una revalorización por lo autóctono, muchos hacedores comenzaron a tratarla seriamente. Atrás quedaron los vinos de mesa masivos. Los vinos de hoy, elaborados con esta uva, son equilibrados y frutados, de trago simple o texturas complejos, y se adaptan muy bien a un sinfín de platos gracias a su frescura y fluidez natural. Y se adaptan muy bien en la mesa a platos diversos. No obstante, puede llegar a sorprender lo bien que acompaña este vino a las pizzas. Tres vinos, exponentes de la Criolla Chica Sorprende por sus aromas, vivaces y equilibrados Criolla de Maimará Pequeños Parceleros de la Quebrada 2021 Bodega El Bayeh, Quebrada de Humahuaca, Jujuy $ 21.000 Su botella simple, tipo Borgoña, y su etiqueta delicadamente colorida, pero cargada de información, anticipa un vino que quiere llamar la atención por su sentido de pertenencia. Sorprende por sus aromas, vivaces y equilibrados. De buen cuerpo y fluidez, con dejos perfumados delicados a flores secas. Su trago es mordiente fino, con todo integrado. Y si bien no está pensado para la guarda, el paso de los años le ha hecho muy bien. Beber entre 2025 y 2028. Puntos: 92 Llena la boca con gracia y su carácter persiste en boca El Esteco Old Vines Criolla 2023 Bodega El Esteco, Valle de Cafayate, Salta $28.500 A partir de un viñedo plantado en 1958, Alejandro Pepa (enólogo) concibe un vino tradicional pero actual. De aspecto tenue y brillante, con tonos rojo cereza. Sus aromas se sienten integrados, a frutas rojas y especias secas. En boca es franco y limpio, con agarre y buen cuerpo. Llena la boca con gracia y su carácter persiste en boca. Acompaña muy bien las empanadas salteñas y algunas comidas picantes. Beber entre 2025 y 2027. Puntos: 91 Hay mucho significado en este vino por la búsqueda de sus hacedores, Pancho Bugallo y Sebastián Zuccardi Cara Sur Parcela La Totora Criolla Chica 2022 Cara Sur, Valle de Calingasta, San Juan $98.000 Hay mucho significado en este vino, no solo por su escasez, ya que nace de solo 100 Plantas (0,32ha) de más de 80 años, en Paraje Hilario, a 1500 msnm., sino también la búsqueda de sus hacedores, Pancho Bugallo y Sebastián Zuccardi, ambos bien secundados por sus mujeres Nuria y Marcela. Todo esto explica su valor e intenciones. De aromas muy austeros, aunque la fruta es roja y delicada. De paladar limpio y sutil, con texturas finas, de final suave y persistente. Beber entre 2025 y 2028. Puntos: 93
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