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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 27/02/2025 04:31
Dio hizo el gol y festeja. Los ingleses sufren y uno de ellos le hace Fuck You. Peter Robinson Un par de años atrás, el New York Times en su sección The Athletic lo llamó uno de los mejores fotógrafos vivo de fútbol. Y no exageró. A los que nos gusta el fútbol (y en especial los que vivimos el de antes), después de ver su trabajo, sólo podemos coincidir y a lo sumo agregar a ese podio imaginario a algún antiguo fotorreportero de El Gráfico o al extraordinario japonés Masahide Tomikoshi que desempolvando su catálogo tuit tras tuit maravilla a los futboleros de todo el mundo (en estos días Tomokoshi está recorriendo el Mundial Juvenil de Japón de 1979 con un Diego pletórico). Peter Robinson es flaco, alto, afable y lleva tatuada una sonrisa pícara. Camina por los pasillos de Xposure, el festival de fotografía que se lleva a cabo en Sharjah, Emiratos Árabes, y pasa desapercibido. Cuando alguien lo reconoce y se acerca a hablarle, él se entusiasma y revive historias y revela algún que otro secreto de su oficio. Eso sucedió cuando este cronista le pidió conversar sobre fútbol, fotografía y el cambio de los tiempos. La cobertura de 13 mundiales y 10 Juegos Olímpicos Habla con entusiasmo de la Argentina y recuerda sin nostalgia, con alegría, su estadía durante el Mundial 78 pese a que llegó al país con muchos –razonables- temores. Podría no acordarse: ese fue uno de los 13 mundiales y 10 Juegos Olímpicos en los que estuvo presente. Hay algo en su mirada, una amplitud, que la hace única. Como si siempre, para él, el fútbol se tratara de un fenómeno que mira por primera vez, como si nunca hubiera perdido el acercamiento ingenuo, manteniendo una perpetua perplejidad. Ver sus fotos me hace recordar las primeras veces que fui a la cancha con mi hija: ella veía cosas que siempre habían estado ahí pero que yo, obsesionado por el destino de mi equipo, había dejado de ver hacía muchas décadas, más de cuatro. Carteles publicitarios, los policías al costado del campo, ciertos rituales de los jugadores, la conducta del público: todo lo que ocurre alrededor –aunque alejado- de la pelota. Elementos, conductas, sensaciones, costumbres que pertenecen al fútbol, que hacen a su esencia. Los aficionados al fútbol de otras épocas sin televisión, en los que era imposible ver jugadas o los goles de la gran mayoría de los partidos, sólo podíamos imaginarlos por los relatos radiales o recrearlos a partir de las fotos de los diarios y las revistas. Tenemos en nuestra memoria, guardadas como un tesoro, imágenes que nunca olvidaremos vistas en los suplementos deportivos o en las páginas de El Gráfico, Goles o las revistas partidarias: voladas de arqueros, penales no sancionados, goles históricos, alguna patada memorable. Es más, cuando rara vez aparecen videos algo difuminados de esas jugadas, nos desilusionan. No alcanzan la dimensión épica de esa foto que acompañó nuestra infancia, que modeló nuestro imaginario deportivo. The Two Bobbies una de las imágenes icónicas del gran fotógrafo inglés Peter Robinson En El Gráfico se decía que la foto ideal debía reunir cinco condiciones: reflejar un gol, que se viera al que había pateado o cabeceado, al arquero rival, la pelota y al menos unos de los palos para tener referencia por dónde había ingresado. Aunque parezca increíble, estos artistas del momento, casi siempre lo conseguían. La tríada de grandes nombres entre decenas de gigantes de El Gráfico está integrada por el japonés Kikuchi, Alfredo Legarreta y don Ricardo Alfieri. El recuerdo de El Gráfico Peter Robinson, en medio de la charla, cuando inevitable salta el nombre de El Gráfico, la mejor revista deportiva de la historia (y los que la esperábamos cada lunes en el kiosco, los que veíamos con ansiedad cómo desde los camiones de reparto lanzaban los enormes paquetes atados con sogas con las revistas recién salidas de imprenta, hasta creemos que a esa calificación le sobra la palabra “deportiva”), recuerda con cariño a los Alfieri y pide que si tenemos la oportunidad saludemos de su parte a Ricardo Alfieri hijo. Y lanza un recuerdo, una módica revelación, que disfrazada de anécdota es dicha con la intención de homenajear al viejo colega que ya no está: “¿Viste la foto del chico sin brazos que se tira sobre los jugadores argentinos? El Abrazo del Alma la llaman, ¿no? Yo la saqué. Esa misma escena. Mientras todos los reporteros gráficos corrían hacia mitad de cancha, yo me quedé detrás mirando, buscando cosas diferentes y vi al arquero (Fillol) y a su compañero (Tarantini), de rodillas, hecho uno. Y de repente se sumó una tercera persona, alguien del público. Y yo gatillé. Pero el resultado no fue el mismo que el de Alfieri. Ese momento lo inmortalizó él, y está bien que haya sido así”. Ricardo Alfieri padre, una leyenda del fotoperiodismo deportivo, siempre con un pañuelo en su cuello, contaba que él había conseguido esa imagen no por sus virtudes sino por sus defectos. Era mayor que el resto de sus colegas y apenas terminó el partido los que estaban con él detrás del arco ocupado por el arquero argentino salieron corriendo hacia la mitad de cancha y hacia el banco argentino. Él, con más años, se levantó con dificultad y corrió más lento que los demás y por eso encontró la escena. Lo irónico es que ni él ni los editores vieron lo que había logrado en la primera revisión de los negativos, así que no salió en la edición de El Gráfico del día posterior a la final con Holanda. Revisando su trabajo, unos días después, descubrió que el chico no tenía brazos y que las mangas del sweater que lo protegía de ese frío junio, caían al costado participando también del abrazo. Recién se publicó la semana siguiente en un número especial. Un partido de quinta división. La utilería del club, la televisión prendida y la acción en la cancha. El partido se juega dos veces: en la tele y en la cancha Peter Robinson Robinson participó en decenas de libros y tiene también uno propio en el que compiló buena parte de su trabajo: Football Days, una galería de imágenes maravillosas. Pero buena parte de su trabajo está al alcance de la mano en su sitio web, The Saturday Man. Allí divididas arbitrariamente en los días de la semana, se pueden ver cientos de fotos que cubren más de medio siglo de fútbol. Ahí están Messi (“Qué ciudad Rosario: de allí salieron dos hombres tan disímiles como Messi y el Che Guevara”, dice Peter), Maradona, Pelé, Cruyff, Beckenbauer, Gullit y cualquier otra gran figura de estas décadas. Pero también están los hinchas, los modos diferentes en que el fútbol se consumió, las camisetas sin publicidades, los túneles desvencijados, los vestuarios precarios de antes, un fútbol tal vez peor jugado menos atlético pero más artesanal y familiar. De las gradas de madera a la Premier League en una galería que muestra la evolución del juego y su circunstancia. En sus fotos hay otro elemento extraordinario: casi nunca el público es una muchedumbre anónima, cada espectador, cada fan tiene cara, no son manchas en el fondo de la imagen. Es como si los jugadores, las estrellas, estuvieran entre dos fascinaciones, entre dos miradas encantadas: la del fotógrafo y la del público. Uno de los encuentros de la Serie Internacional de 1977 en la Bombonera y los hombres armados al costado del campo de juego Peter Robinson Hablamos del efecto hipnótico de un arquero volando, detenido a más de un metro y medio del suelo, estirado, tratando de tocar la pelota con la punta de los dedos, de cómo en mi infancia no podía dejar de mirar esas imágenes. Peter dice que hay que tener paciencia, sacar muchas fotos hasta dar en el blanco. Que es su deber estar abierto a lo inesperado. Pero siempre con la cámara apuntando. Algo va a pasar, algo va a registrar. “Muchas veces disparé y no sabía lo que tenía dentro del rollo. Lo descubrí después de revelar”. Cuenta que los de su generación debían cuidar el material, no podían sacar 500 fotos de una sola jugada. Era materialmente imposible. Eran como francotiradores que tenían pocas oportunidades y debían aprovecharlas. De allí le quedó el hábito de no gatillar de más. El fútbol y su contexto social Pero lo que Robinson muestra a través de sus fotos es que el fútbol es mucho más de lo que pasa entre los 22 jugadores, de las instancias del juego. Lo muestra, con discreción, sin subrayados, como un hecho cultural y, por supuesto, como fenómeno sociológico. Hay muchas fotos extraordinarias. Elegimos dos. La primera es la que encabeza su website y también esta muestra en Xposure: Bobby Charlton a punto de patear un córner en 1970, el público expectante por la jugada y extasiado por la cercanía del ídolo, y a pocos metros, casi como interponiéndose en la línea de la pelota, un policía inglés vestido típicamente con su sombrero característico; en el medio el banderín del córner oficiando de eje divisor de la imagen. El título: The Two Bobbies. Hay que detenerse en cada cara, en cada par de ojos. De los chicos que están en el piso a los más grandes con una mueca agria (es probable que sea el público visitante). Cada uno de los que está en la foto puede reconocerse con facilidad. La otra está sacada desde la utilería del Southern United, un equipo de la quinta división inglesa. En la pared hay unos posters de mujeres pechugonas, posters de gomería, una campera colgada, una silla maltrecha y un televisor que pasa el partido, en un rincón de la imagen encontramos la puerta de la utilería abierta y se ve la cancha (estamos en uno de los córners) y acción de juego en el área grande. Vemos el partido en estéreo: en la televisión y en la cancha. Un retrato del Flaco Menotti. El gesto reconcentrado y el cigarrillo (Peter Robinson) Cuando se le pregunta de qué equipo es hincha, Peter sonríe con picardía. Mira a los costados, casi como asegurándose que nadie más lo escuche, y lanza una especie de confesión: “A mí no me gustaba mucho el fútbol, la verdad. No sabía demasiado y por supuesto no tenía gran conocimiento del juego. Pero era trabajo. Me ofrecieron cubrir un partido y hacia allí fui con mi cámara”. Eso que hizo, tal vez desganado, por primera vez una tarde de sábado de la década del sesenta en Inglaterra se convirtió en su medio de trabajo y lo llevó a la cima de su oficio. Acaso esa falta de fanatismo previo haya sido el gran secreto de su éxito, le haya permitido una mirada azorada y sin prejuicios que descubrió velos, que logró ver lo que muchos otros (millones en el caso del fútbol) no pudieron. “Alguna vez, al principio de la Premier League, se decía que el fútbol era el nuevo rock. En mi época a fines de los sesenta, el único nuevo rock era el rock que iba apareciendo. Y era lo que me interesaba a mí. Además no olvidemos que el fútbol era cosa exclusiva de hombres. Y a mí me gustaban mucho las mujeres y ellas no iban al estadio y sí a los shows”, dice. Robinson al repasar su historia personal recuerda, casi sin querer, una realidad que está olvidada: el fútbol y el rock fueron durante muchísimas décadas mundos absolutamente separados, casi que confrontaban y excluían al que participaba de uno en el otro. Tal vez el único que logró traspasar esa barrera por esos años haya sido George Best que llamado el Quinto Beatle por su espíritu libre y su conducta estrafalaria llegó a la tapa de Sargeant Pepper. George Best fue uno de los primeros trabajos especiales que hizo. Pidió permiso al Manchester United para una producción especial y para su sorpresa se lo concedieron pese a casi no contar con antecedentes. Ese primer acercamiento al fútbol se dio, especula hoy, “más por un interés por las celebridades que por el deporte en sí mismo”. Varios argentinos protagonizan su trabajo. Una de las imágenes más memorables es la que obtuvo en el estadio Azteca en 1986: Maradona celebrando el gol y a sus espaldas los hooligans dolidos y humillados: uno de ellos, con los gestos cargados de furia, le hace fuck you a Diego que lo ignora y festeja con alegría, con bronca. Final del Mundial juvenil 1983 en el Estadio Azteca. Explotan unos globos de helio y muchas chicas quedan con heridas y quemaduras de gravedad (Peter Robinson) Los retratos del Mundial 78 Hay, entre sus muchas fotos, un retrato de Menotti que lo desnuda: el hombre más joven de lo que aparenta, la gravedad en su cara, algunas arrugas prematuras, la mirada seca y algo melancólica, el cigarrillo. De la final del 78, hay algunos arranques de Kempes arrastrando holandeses o un salto de Passarella, mientras despeja un centro, que junto a los otros que buscan la pelota parecen urdir una coreografía. Otra escena, aunque en este caso espeluznante, que involucra a argentinos es la de los momentos posteriores a la final del Mundial Juvenil de 1983 en la que perdimos la final contra Brasil. En el momento de la premiación explotaron unos globos gigantes de helio provocando unas terribles quemaduras a las chicas que los sostenían; el registro de una joven retirada en camilla boca abajo con la piel de las piernas hecha jirones todavía conmociona. También hay unos policías fuertemente armados en la Bombonera durante la Serie Internacional de 1977, previa al Mundial. Y la derrota en la final del 90. Y Messi besando –en el beso más postergado de la historia- la Copa del Mundo. No son todos ganadores los que aparecen en sus fotos. Están los derrotados, también. El dolor, las lágrimas y la frustración. Porque como dice Gay Talese siempre la historia más interesante está en el vestuario perdedor. Peter Robinson habla pausadamente pero con pasión. Se enciende cuando se refiere a su trabajo. “No busco necesariamente la armonía. Es más, creo que lo que me interesa más son los opuestos”. Eso es lo que hay en la mayoría de sus trabajos una cierta confrontación inesperada, la convivencia de elementos antagónicos, tal como pasa en el fútbol, tal como pasa en la realidad.
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