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  • La marca “Mendoza” en la industria vitivinícola

    » Comercio y Justicia

    Fecha: 26/02/2025 05:15

    Por Sergio Castelli (*) y Candela Saieg (**), exclusivo para COMERCIO Y JUSTICIA La protección de las denominaciones de origen es un aspecto clave en la legislación argentina para garantizar la autenticidad de los productos y resguardar el prestigio de las regiones productoras. En este contexto, la Ley de Marcas N° 22.362 establece en su artículo 3, inciso c), que no pueden ser registradas como marcas las denominaciones de origen nacionales o extranjeras. Este principio cobra particular relevancia en el caso de la indicación geográfica “Mendoza”, ampliamente reconocida en la industria vitivinícola del país. Mendoza, una de las principales regiones productoras de vino en Argentina y el mundo, cuenta con el reconocimiento y protección de su indicación geográfica a través de la Ley 25.163 y normas complementarias. El Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) ha registrado la denominación en el padrón 23/99, asegurando su resguardo legal para evitar usos indebidos que puedan generar confusión en el consumidor o afectar el prestigio de la región. De acuerdo con la normativa vigente, se entiende por denominación de origen el nombre de un país, región o área geográfica específica que se emplea para designar un producto originario de ese lugar, cuyas cualidades y características dependen exclusivamente del medio geográfico. En el caso de Mendoza, su clima, suelo y tradición vitivinícola han consolidado su identidad como una de las zonas más importantes para la producción de vinos de alta calidad. La protección de las denominaciones de origen no solo resguarda la autenticidad del producto, sino que también protege a los productores locales de posibles competencias desleales. En este sentido, la legislación impide que terceros registren en clase 33 (clase donde se registran todas las bebidas alcohólicas salvo la cerveza), marcas que contengan el término “Mendoza” como marca, ya que esto podría inducir a error sobre el origen real de un producto que no cumpla con los estándares y condiciones propias de la región vitivinícola. El Instituto Nacional de Vitivinicultura juega un rol clave en la regulación y certificación de los productos vitivinícolas argentinos, garantizando que aquellos vinos que llevan el sello de Mendoza cumplan con las normativas de calidad y procedencia. Esta certificación no solo fortalece la identidad de los productos en el mercado interno, sino que también potencia su competitividad en el ámbito internacional. El resguardo de la denominación de origen de Mendoza forma parte de un esfuerzo más amplio para proteger las producciones regionales y fomentar el desarrollo sostenible de la industria vitivinícola en Argentina. De esta manera, se garantiza que los consumidores reciban productos auténticos y se resguarda el trabajo de los productores que han hecho de Mendoza un emblema del vino argentino. A nivel mundial, la protección de las denominaciones de origen es un tema de creciente importancia. Países con larga tradición vitivinícola, como Francia, Italia y España, han desarrollado rigurosas normativas para garantizar la autenticidad de sus productos y evitar la apropiación indebida de sus nombres geográficos. Argentina no es ajena a esta tendencia y ha venido reforzando su legislación para preservar el prestigio de sus regiones productoras. En definitiva, la prohibición de registrar “Mendoza” como marca comercial responde a la necesidad de resguardar su identidad y evitar confusiones en el mercado. La aplicación de estas normativas no solo protege a los consumidores, sino que también preserva el valor de la región vitivinícola más importante del país, asegurando que sus vinos sigan siendo sinónimo de calidad y excelencia en los mercados globales. Asimismo, la creciente demanda internacional de vinos argentinos hace que la protección de las denominaciones de origen sea un factor estratégico para el comercio exterior. La consolidación de la marca Mendoza como sinónimo de calidad y autenticidad en la vitivinicultura permite a los productores acceder a mercados más exigentes y con mejores oportunidades comerciales. Además, la promoción de esta denominación fortalece la identidad cultural y el reconocimiento del vino argentino en el mundo. (*) Agente de la Propiedad Industrial (**) Abogada

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