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  • Un enfoque monetario convertido en una cuestión de fe, como en la religión: creer o reventar

    » Clarin

    Fecha: 25/08/2024 19:00

    Por Roberto Frenkel* En los albores de la globalización financiera, a fines de la década de 1970 y a comienzos de los '80 existía la idea de que el equilibrio fiscal era condición suficiente para asegurar la sostenibilidad de los contratos internacionales que estaban en expansión. Algunos países en desarrollo (Chile y Argentina entre ellos) habían liberado completamente sus mercados cambiarios mientras mantenían políticas de tipo de cambio prefijado (las tablitas). Al principio de los 80 Argentina ya había sufrido su crisis cambiaria, financiera y de balance de pagos mientras la política macro aún se sostenía en Chile. Michel de Camdessus, por entonces director del FMI, visitó Chile y comentó que el déficit de cuenta corriente del país (aproximadamente 15% del PIB) no debía ser motivo de preocupación porque las finanzas del sector público estaban equilibradas (Chile no tenía déficit fiscal). "Esto ocurre- dijo el jefe del FMI- porque el sector privado sabe qué hacer con su dinero", implicando que la rentabilidad de las inversiones privadas aseguraba el servicio en tiempo y forma de todos los contratos internacionales suscritos por el país. Más o menos simultáneamente, Ronald McKinnon (uno de los padres intelectuales de la globalización financiera) comparaba las situaciones de Chile y Argentina proporcionando la explicación que parecía evidente: Argentina tenía déficit fiscal antes de su crisis mientras que en Chile disfrutaba de equilibrio fiscal. Poco tiempo después, alrededor de un año después que la nuestra, Chile tuvo una similar crisis cambiaria, financiera y de balance de pagos. Vale la pena comentar que la teoría del enfoque monetario del balance de pagos no planteaba diferencia alguna entre el origen público o privado del déficit de cuenta corriente del balance de pagos, ya que su sostenibilidad dependía exclusivamente de la política monetaria. Aclaro también que McKinnon hizo más adelante una importante autocrítica de su posición y su trabajo posterior se convirtió en una referencia ineludible de las políticas cambiarias y monetarias de las economías desarrolladas (particularmente Japón) y en desarrollo (particularmente China). Ahora nuestro gobierno convirtió esa teoría errada y sin fundamento en un dogma de fe, similar al de la santísima trinidad para los católicos. Como solía decirse, hay que creer o reventar.

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