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  • El arquero campeón que no colgó los guantes; los cambió por los de motos

    » La Capital

    Fecha: 30/06/2024 15:09

    “Encontré una nueva pasión una vez que dejé el fútbol: las motos", asegura Roberto Tito Bonano, exjugador de la selección y campeón internacional con Central y River Roberto Bonano despunta la pasión de las motos cuando el fútbol se lo permite. Los ojos destilan un brillo especial cuando la charla gira en torno al mundo tuerca. Roberto “Tito” Bonano no necesita carta de presentación porque es una figura reconocida por su larga y exitosa trayectoria en el fútbol. No solo salió de la cantera de Central y fue campeón de la Copa Conmebol en 1995. También dio la vuelta en River a nivel nacional e internacional y custodió nada menos que el arco de Barcelona y de la selección argentina. Pero tiene otra devoción. “En realidad, encontré una nueva pasión una vez que dejé de jugar: las motos. En España tengo una y se llama Argentina”, le dijo a Motores en un claro ejemplo de que no colgó los guantes sino que los cambió para andar en las dos ruedas. Mientras disfrutaba de un cortado y miraba de reojo un libro recién adquirido, Bonano no tuvo empacho en confesar que tiene preferencias por las dos ruedas. Considera que encontró una forma de desestresarse cuando hace una pausa en el fútbol , ya que es uno de los ayudantes del entrenador Eduardo “Toto” Berizzo. —No. Como mi actividad es como nómade, mi esposa e hijas se instalaron ahora en Londres porque las chicas están estudiando, pero conservamos nuestro hogar en Barcelona. Así que dependiendo del tiempo libre que tengo voy a Inglaterra o a España. —¿Y cómo nació esa pasión por las dos ruedas, más allá de lo futbolístico que te sigue envolviendo? —En realidad, por responsabilidad y contrato no podía andar en motos cuando jugaba. También es verdad que en esa época no me llamaba tanto la atención la moto. Pero debo reconocer que cuando me retiré del fútbol, me quedé viviendo en España y ahí comencé a compartir un poco más de tiempo con un grupo de amigos que fui haciendo con el correr de los años. Y como no tenía un taller de motos, nuestro punto de encuentro de reuniones era ahí, porque eran varios argentinos que tenían una Harley-Davidson. Era como un club de argentinos que habían emigrado y con esfuerzo lograron cumplir el sueño de comprarse una Harley. Fue entonces que me fui enganchando y también me compré una dos ruedas. —¿Una Harley? —No, ahí fui un contra y me compré una Triumph. Los arqueros estamos medio locos, somos distintos (risas). No pensé que me iba a gustar tanto, sino todo lo contrario. —¿Descubriste un mundo donde prima la camaradería, entre otros valores? —Totalmente. Noté rápido eso y también cómo se ayudan o saludan cuando se cruzan en una ruta. Hay un lindo ambiente donde además permite consolidar una amistad y conocer lugares, que es algo que cuando sos jugador activo no podés hacer. De hecho, gracias a la moto tuve la excusa perfecta para conocer por dentro cómo es todo Cataluña. —¿Te ayudó a despejar la mente, debido a que cuando estás arriba de una moto es como que estás en otra sintonía? —Sí, me relaja muchísimo. En ese sentido, era como una especie de terapia, porque cuando estoy en la moto me desenchufo del fútbol y disfruto de otras cosas. —El motero siempre proyecta un viaje, ¿te pasó? —Ni hablar, sí. Incluso, en mi caso no solo proyectaba un viaje cuando estaba arriba de la moto sino que además aprendí y comprendí muchas otras cosas que están vinculadas al mundo motor y no le das importancia cuando no tenés una dos ruedas. —¿Cómo por ejemplo? —Y, el tema de la indumentaria. Siempre veía que usaban determinadas prendas y me preguntaba para qué tiene esa campera o casco, o bien botas. Cuando empecé a moverme en motos entendí el por qué de cada cosa. De hecho, fui adquiriendo ropa y accesorios acorde. No pasa solo por un tema de seguridad sino también por comodidad. En un lindo mundo. tito2.jpg El ex arquero de Central y River tiene una moto llamada Argentina. —¿Le pusiste nombre a la moto?, ya que en este palo es normal hacerlo... —(Risas) Sí. Se llama Argentina. Es más, todavía la tengo. —¿Y cómo es Argentina? —Una Triumph 800 que hice pintar con los colores patrios porque cuando la compre era rojo y negra... y no podía tenerla así, ja ja. A eso le agrego que uno se enamora de su moto, es así. —¿De chico no tuviste ninguna experiencia con una moto? —Había tenido una con una zanellita (50cc) y con una hondita 100. Recuerdo incluso que un día fui a la ciudad deportiva en moto. Me agarraron y me dijeron que estaba loco, que no podía andar en moto si quería ser jugador. —¿Estabas en inferiores o primera división? —Había arrancado a entrenar con el primer equipo y jugaba en reserva. Creo que me agarraron el Coco Pascutini y el profe Vigna. Me cagaron a pedos con razón. Así que volví a tomar los dos colectivos y a tardar bastante para ir a entrenar. Pero bueno, es así y no estaba mal. —Sucede que no debías andar en moto porque si te pasaba algo te podías lastimar las piernas o brazos, que son tu herramientas de trabajo... —Claro. Pero ahí no lo veía así. Uno era chico y pensaba que no podía pasar. Incluso fui a entrenar en moto, en short y sin casco. Lo recuerdo ahora y es una locura. Pero bueno, son cosas que uno hace sin consciencia a cierta edad. Hay que reconocer que me aconsejaron muy bien. tito5.jpg Bonano confesó que encontró en el palo de los moteros un código noble y leal. —¿Y ahora notás que te copa más la moto? —Sí, me enganché mal con las motos. Me encanta andar y viajar. —¿Cómo hacés para amalgamar las dos pasiones?, teniendo en cuenta que cuando estás trabajando en el fútbol te demanda mucho tiempo... —Es duro desde ese punto de vista porque el fútbol demanda muchas horas. No te permite distraerte un instante por el nivel de exigencia que hay en el grupo de trabajo. Pero cuando puedo, no dudo y me subo a la moto. En ese sentido es como que me desespero cuando pasa un tiempo y no salí a dar una vuelta o recorrer un poco algún lugar. —¿Solo la Triumph tenés? —En un momento tuve una BMW 100 del año 80, esa moto me enamoró porque era una reliquia. Es más, cuando me mudaba de ciudades estando en España me la cargaba en un flete y me la llevaba a todos lados. La disfruté en Galicia, en Sevilla, en todos lados mientras la tuve. tito7.jpg Tito Bonano remarcó que disfruta mucho de las dos ruedas. —¿Del cuerpo técnico del Toto Berizzo sos el único fierrero? —Sí, soy el bicho raro, ja. Por ahí el día libre muchos aprovechan para ver más fútbol, y yo me desespero por andar una vuelta en moto. Es como que me desenchufo y desestreso. —Ahora que estás de vacaciones por Rosario, ¿andas en moto? —No, como vine por unos días me muevo en servicio público. Sobre todo si debo andar por el centro. Trato de disfrutar de la familia, porque luego me voy y no sé cuándo vendré de nuevo. Con mi actividad uno nunca sabe dónde irá a parar. —¿Es una cuenta pendiente hacer un viaje por nuestro país? —Sí, me encantaría mucho hacer un viaje junto a mis hijas por el sur. Quisiera recorrer con ellas la Patagonia. A la más chica (Rosario) le gustan las motos, no así tanto a la más grande (Robertina). Es más, estaba viendo que por el norte también podría ser, porque hay muchísimos lugares hermosos para ver y andar en moto como Salta, Jujuy. Ojalá pueda hacerlo, porque es un sueño que tengo desde hace tiempo. —¿Cómo definirías la pasión por las motos, más allá del fútbol? —Ojalá pueda seguir sumando más pasiones, porque esas cosas movilizan a uno por dentro. Por ejemplo, también me gusta la lectura y escribir. Uno de mis autores favoritos es el Negro Fontanarrosa y uno intenta imitar, pero es imposible, je. En realidad me gustan mucho los deportes y eso me permite conocer a más gente. Pero debo reconocer que las motos me tiran mucho.

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